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De mar Amar Segunda Parte

Capítulo Sexto

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Los hechos y personajes son productos de la ficción. Toda similitud con la realidad son mera coincidencia. (Los autores)

 

La tormentosa y fascinante historia de Alejandra y <Sebastián había surcado el océano desde mar de Ajó a Torrevieja bajo el fulgurante liderazgo del gigante moreno. Pero en España una Alejandra, que maduraba la evolución de su segunda maternidad con los melli, se convenció de que sus raíces nunca despegarían del otro lado del mar, y convenció a Sebastián de la gigantesca acometida del regreso contra viento y marea.

En Argentina, en la bucólica paz de la colonia agrícola, si bien niveló la pulsión interna de la pareja, Sebastián recuperó terreno mutando en el clásico marido que cumplía esporádicamente con su antiguo rol de gallardo poeta-amante, para volcar su libido en el mundo del poder, los negocios y el profesionalismo técnico. La gris agente pública, si bien calificada, contribuía a la economía familiar con el menguado salario de una moneda ficcional y una tonelada de esfuerzo que lograba cubrir las funciones de madre, empleada doméstica y aunque agotada, dispuesta amante a las imprevisibles horas del regreso. Lentamente la nubosa bruma del pasado se envolvía de nostalgias marinas, de la melancólica rutina que la había precedido y ahora aparecía rediviva.  

Pero cuando Alejandra recibió la oferta profesional de Inca sudamericana, todo cambió.

Así comenzaba este relato en nuestro primer capítulo, cuando un volcán de hechos inesperados, sacudirían el edificio de pasión de los Angelini hasta sus cimientos.

Sebastián, que demoró en tomar conciencia cómo los miembros del empresariado festejaban que su esposa hacía pie en tan importante holding, trataba de reaccionar cuando leyó que su Ale, lo llamaba para celebrar arrancándole la solera a tirones.

Al mensaje del WhatsApp respondió con un breve.

-Cuanto me alegro Ale. Ya voy a festejar, pero aquí en el CICAE, me dieron la noticia. Los atiendo un rato y voy-

Alejandra le respondió con un emoticón de enamorados.

Se despidió de todos con fingida cortesía. Un fantasma comenzó a roerle la memoria, como sucedía cuando recordaba las historias de clandestinidad de los compañeros de su madre.

Salió del edificio entre los vítores futboleros de Samuel y otros dos empresarios poco conocidos para él.

El auto devoró la avenida los colonizadores y en vez de girar hacia el norte hacia la rotonda, cruzó la ruta 6 y siguió por Avda. Argentina

-Lo sabía!, lo sabía y no me lo dijo. Y además sabía que me lo dirían en el CICAE-

Se detuvo frente a la curva de tierra que conducía hacia el Arco. Se bajó del coche, respiró el aire de la noche quieta. Sintió pulsaciones encontradas, sentía que la amaba como nunca, sentía genuina satisfacción y hasta orgullo por su pichona. Pero sentía un paralelo aguijón de sombras. Una duda punzante. El temor a perderla.

Habló solo, como enrostrándole al prado de trébol, que mucho más bello era el mar de Torrevieja o las arenas de Ajó, que nunca le trajeron sino gratas remembranzas.

-Ay pichona, ¿cuántos gigantes de mirada verde tendrás ahora, ah?

Subió al auto, y con una marcha más resignada se dirigió hacia la quinta. Trató, de pensar en un solo sueño de viejos tiempos, el que esperaba encontrar tras correr el telón púrpura de la mítica solera.

 

Estacionó el auto en el garaje y pudo ver como Alejandra lo esperaba bajo la galería que se enmarcaba en columnas abrazadas de glicinas y santa ritas.

Ya era tarde, los niños debían estar dormidos. Cerró el auto y el portón del garaje con fingida pereza. Y se encaminó hacia la galería apenas heridas de luminarias amarillas del patio y una pálida luna.

Alejandra esperaba a que el felino se lanzara sobre su solera roja.

Alejandra esperaba escucharlo y arriesgó un interrogante. Quise preguntarle cómo se sentía, pero él le cerró los labios con el índice y comenzó a quitarle la solera roja.

La observó palmo a palmo en el más completo silencio, apenas herido de grillos y el graznido de algún ave lejana; como el jurado que aprecia una escultura a calificar. Ceñida desde el plus up del busto y anudada con un lazo de hilo desde la base del pecho, la tela caía libre exhibiendo a intervalos de la brisa nocturna sus poderosos muslos.

Sebastián dio entonces un paso atrás. Con paciencia de celebrante se quitó la corbata y el reloj. Dejó caer el saco sobre la madera del banco. Presionando con la punta de los pies el taco de los zapatos se deshizo del calzado. Mientras tanto, con la mano derecha rasgaba una barba de días, con la izquierda se desabrochaba los botones de la camisa de seda. Un torso de bronce, contorneado por los tímidos haces de la luna dibujaron las facciones casi olvidadas del centauro que la perseguía en los arenales de mar de Ajó. Un tintineo metálico silenció los grillos cuando se quitó el cinto y los pantalones cayeron hasta los talones.

Alejandra clavó la mirada en el bóxer azul para distinguir la lanza en ristre del guerrero. Sintió su humanidad inundada de líquidos, de vientos abrasantes, de hormigueos interminables. Incontenible, la ciñó a su vientre con un fuerte movimiento del brazo que le estrangulo la cintura. Alejandra se sintió sofocada de rubores quemantes y con una falta absoluta de aire soltó un gemido de presa agonizante.

Sebastián le desanudó el lazo por debajo de la turgencia de los pechos y se deshizo de la solera con los tirones que le habían sugerido; pero añadiéndole la garra rapaz de sus manos recorriendo el territorio de la piel, invadiendo y filtrando las manos y los dedos por cada huella cavernosa, por cada abismos de cavidades humectadas, lubricadas y enrojecidas de pasión, de pequeños dolores, de eléctricas convulsiones.

Rodaron como fieras abrazadas en un duelo mortal, impregnándose de hojas muertas, de verdor de césped, hasta caer a la pileta arrastrando un cordón de clavelinas.

Un cardumen de invisibles dardos, la asedió despiadadamente haciendo reverberar de oleaje el agua quieta de la noche. Las estocadas de la espada de Armagedón la hirieron una y otra vez hasta que exánime, distinguió como el gigante que la poseía la alzó en brazos, subió la escalerilla y la dejó con lentitud reposar en la alfombra del vestíbulo.

-No sé si dará para una tesis que impresione a una multinacional, pero espero que mis recursos humanos te impresionen a vos, pichona-  

Alejandra sonrió apagadamente mientras comenzaba a vestirse con lentitud.

-A ver a ver, un poco corazón.

Se incorporó a medio vestir y se sentó sobre las rodillas de Sebastián que se había apoltronado en los sillones de cuero. Le cruzó el brazo, aún tembloroso por sobre los cuadrados hombros de atleta, y con la mano libre le acarició la barbilla, le posó los labios húmedos en el cuello, recorriéndoselos, hasta apartar la boca y decirle:

-Ninguna tesis va a reemplazar este recurso humano que me ha dado el destino, la Providencia, lo que fuere. Ningún logro, ninguna gloria. ¿Pero que pasa hombre? ¿Es como que no te satisface que lo haya conseguido?

-Qué se yo. Yo. . . me alegro pichona pero no sé. . . no me hagas caso

De pronto los melli soltaron un berrido y Alejandra corrió al dormitorio. Cuando regresó, le dijo:

-Mirá, voy a darme una ducha para reponerme de la paliza que me diste-dijo con risitas entrecortadas- y en la cama charlamos como hacíamos en las cabañas.

Sebastián le correspondió con un beso breve y encendió el TV cuando ella marchó a ducharse.

Sonó el celular de Alejandra

Sebastián baja el volumen y va a atender.

-Hola?-preguntó Sebastián.

-Halooo? Con la Licenciada Eberhardt por favor, ¿está?

Sebastián escuchó el sonido del agua de la ducha.

-No.- respondió con sequedad.

-Ah bueno. Ud. es su secretario privado seguramente. Dígale que llamó Víctor. Licenciado Víctor Roschmann de Inca sudamericana. Ella sabe quién soy y de que se trata. Gracias muchacho.

Cuando Alejandra regresó del baño envuelta en bata y una toalla a modo de turbante, seguía rojo de furia.

-Pasa algo amor?

-Lo sabías, lo sabías y no me dijiste nada ni bien llegué. Y sabías que estaban enterados en el CICAE

-No Sebastián no es así. Que lo supieran en el CICAE no estaba enterada. Te juro. Sabía del contrato, y te iba a contar la entrevista del Kassalta. Pero estabas muy apurado, te pregunté qué dirías si los de sudamericana contrataban a tu pichona y me hiciste un comentario irónico sobre esa posibilidad. A propósito que cuenta Julia Roberts, le diste la foto? Para que veas que no soy celosa alquile para ver “Un lugar llamado Notting Hill”.

Rojo de furia se irguió en todo su estatura y como si tratara de huir de una ciénaga exclamó:

-Qué hacías en el Kassalta?

-Por Dios Sebastián en el hall del Hotel, en el restaurante. Allí me citó el Licenciado Víctor Roschmann-

-Ah sí, el que me llama muchacho-

-Cómo?

-Nada nada. Explicáme que te dijeron los de sudamericana-

Alejandra cambió el semblante y le relató todo lo ocurrido. Lo arrastró al dormitorio para que en el clima intimista pudiera devolverle la paz interior. Le contó con detalles minuciosos desde la llamada hasta la entrevista en el Kassalta.

Sebastián no decía una palabra. Alejandra confundió el silencio con una atenta curiosidad. Pero cuando abrió su laptop para mostrar el contrato y el gigante moreno leyó la cifra del contrato en dólares tuvo por poco una conmoción.

Se levantó de golpe y se dirigió al cuarto de baño.

Alejandra, que no supo en que momento de la lectura había reaccionado de ese modo, pensó en un nuevo momento de pasión y que su amante se preparaba para ello.

Escuchó los clásicos murmullos del baño antes de que volviera con ella a la cama. La cadena, el cepillado de dientes, y finalmente la ducha con su densa atmósfera de vapor.

Sonrió esperanzada en la oscuridad. No sospechó nada en la misteriosa demora.

Finalmente vio asomar la enorme espalda de bronce con la toalla anidada en la cintura. Se extendió cuán larga era como si se desperezara. Cuando Sebastián se desplomó a su lado, se desnudó con sigilo y se deslizó como una serpiente para cubrir el tórax con los brazos.

Entonces Sebastián giró en la cama dándole la espalda.

-¿Pasa algo Seba?   

-No nada, el  muchacho se va a dormir

- Está bien, pero estás molesto o que. . .

-Nada! Me visitó la Juana. La que nunca tiene ganas.

 

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Los días siguientes fueron de febril actividad para Alejandra. Stefa la secundó como pudo para apoyarla en la demanda laboral, ya que decidió hacer el trabajo con Inca sudamericana, pero sin dejar la municipalidad. La empresa acordó en principio el acuerdo, ya que sus servicios serían online con cursos para entrenar, capacitar, y orientar a formadores que aplicarían el marketing, la comunicación y lo que en la conclusión de su tesis ella misma denominó: “Desafíos para la humanización de la era digital”.

El río revuelto parecía volver a su cauce cuando una llamada inquietó a Sebastián.

-Seba? Que hacé campeón. Samuelcito te habla galleguito. Che mirá esta es una infidencia pero se trata de tu jermu. La van a invitar en Comercio Exterior dónde laburás vos; para que dé una charla sobre el tema que ella domina y colabora en la Inca Sudamericana.

-Y vos como sabés, ella no me dijo nada y en Comercio exterior tampoco-

-Por lo contactos que tenemos en Comercio exterior, gente de arriba, que llegan hasta el Congreso incluso. Viste como son los políticos, la van a querer explotar para acercarse a Inca y anotarse algún poroto. Entonces el presidente me pidió algo.

-Cómo que te pidió algo?

-Si. Mirá sabemos que tu esposa no abordaría el compromiso de explicar públicamente o dar una charla sobre la naturaleza de su trabajo si no es a través de la empresa que la contrató. Así que desde aquí, del centro, sería bueno que le llegara una invitación para que diera una conferencia, dentro del mismo tema pero que no sea precisamente el mismo. No sé, vos podrías convencerla de darla aquí en el Centro.

Sebastián comenzó a volver a sentir la incomodidad que no lograba domeñar desde hacía rato. Por fin aparentó sentirse dueño de sí mismo y respondió.

-Pero y de qué hablaría?

-Pero de qué hablaría! Qué se yo, de la preservación de la foca azul en Alaska! De lo que fuere hombre, el tema es que nos acerque al holding. . .

-Ok. Pero primero veamos cómo evoluciona y se concrete la invitación que le harían, según ustedes. Cuando le caiga la ficha de hablar en Comercio exterior ahí seguramente lo sabré y luego lo conversaremos, ¿ok?

-Ok galleguito. Un abrazo-  

 Para cuando Sebastián colgó, la incomodidad había derivado en angustia. El impulso surgió con fuerza a los pocos días y sobre todo cuando vio que ni María José ni Alejandra lo alertaba n de la posibilidad de una conferencia en las mismísima s oficinas donde se había incorporado a trabajar a su llegada al país.

Llamó a su viejo amigo Gus, en la esperanza, que del otro lado del mar, en su inolvidable Torrevieja, encontraría como orientarse en el barullo que lo atormentaba. Gus era quien lo había rescatado del marasmo del 2001, el que lo había sostenido y le abrió las muy europeas puertas de la prensa mediterránea. Era esa experiencia la que cargaba en sus alforjas de viajero aquella noche de Mar de Ajó cuando arrolló a la cenicienta de rojo.

Bien podía ser que en la raíz de cómo había comenzado todo, encontrara el modo de arrancar el animal de los celos.

En un mail breve, Sebastián lo puso al tanto de las últimas novedades.

La respuesta no se hizo esperar del otro lado del Atlántico.

Querido Sebastián

Te lo dije. Te lo dije cuando estabas aquí en Torrevieja. Que no te vuelvas a Argentina. Eras, y seguís siendo uno de mis mejores columnistas. Uno de los mejores investigadores para tratar sobre todo una mirada que comprenda al tercer mundo y venga de allí para escribir a un público europeo. Y resulta que un buen día el señor me dice que su amada princesa sobresaltada por un patriótico amor a la tierra que dejaron atrás, decide tirar todo por la borda, abandonando no solo la carrera que venías teniendo sino la proyección que ella misma podría haber desarrollado.

Pero te arrastró al otro lado del mar para que empieces de nuevo, en un medio extraño, en una pequeña ciudad del tercer mundo. Yo no sé si fue por sus méritos o porque razón pero es evidente que aquél medio le ofreció unas oportunidades que a vos te son negadas

¿Qué pasará ahora chaval?

Pues ahí va. Olvídate de la muchachita que corrías en la playa.

¿Tienes una idea los bobbys que la estarán zumbando? Tipos de primer nivel, intelectuales finos, empresarios millonarios, agentes de rango internacional, políticos pesados, el cuerpo diplomático etc.

Como dicen en tu país hermano: Fuiste!

Tu mujer como la de cualquiera no es sino la hembra de la especie. Cuando otros hombres pesaditos la frecuenten, el instinto femenino de aparearse con el macho más bravío para asegurar una buena descendencia, terminará empujándola a los brazos de uno de esos bobbys de alto nivel.

Todo esto claro si tiene las condiciones de seducirlos, y esta proyección de la que me hablas lo pone en ideales condiciones. Joven, hermosa y con dinero y talento.

¿Qué pasará cuando empiece a entrar a la casa la friolera de papelitos verdes con el sello de la reserva federal del Tío Sam? ¿Ah? ¿Cómo crees que funcionará todo? ¿Quién va a decidir si se compra esto o aquello? Vamos a tal lado, no no vamos a este lugar de vacaciones o a este restaurante que yo lo puedo pagar ¿ah?

Estás jodido chavalito.

Pero hay algo que puedes hacer con la cabroncita que dejaste crecer peligrosamente. Venite a <Torrevieja, en las viejas condiciones que te ofrecí siempre. Necesito que alguien me cubra una producción por entregas y te mandaría por la costa mediterránea para que me desarrolles los vínculos culturales de la población latinoamericana exiliada durante las dictaduras. Puede haber algo de las orgas de los montos con la OLP, y otros grupos palestinos. Tenés el talento, pero hay algo mas, intransferible, tenés tu historia. Hasta podés trascender la prensa y pasearte por una que otra universidad chavalito. Un baño de gloria nunca viene mal. Y entonces con esas medallas te volvés a Argentina para bajarle los humos a la licenciada de las pampas ah? Hasta de tu experiencia podemos publicar esa novela que escribiste o escribieron. Tengo contactos en editoriales que bien les interesaría. Vamos, decile que es por un tiempo, ya que tanto quiere volar que vuele sola un rato y venite a brindar con un fondillo al “Mesón de la Costa”.

-Gus, viejo amigo, dejámelo pensar y tener en cuenta- fue su lacónica respuesta

-Dale espero, y ojalá te decidas Seba-

En la Oficina de Comercio Exterior, a los pocos días, una inquieta María José, entraba a su oficina con un mensaje en la pantalla de su celular: “Dra. Ulrich: Inca sudamericana informa que el contacto para Esperanza es la Lic. Eberhardt. Solicitamos combinar conferencia en su auditórium”

A los pocos minutos es la propia Alejandra la que le envía un mensaje: Seba, corazón, me piden disertar en tu oficina. Amor y trabajo Corazón, esta noche festejamos.

 

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La velada cuando se produjo, exhibió a un apagado Sebastián a la saga de una Alejandra exultante, esparciendo glamour y estrechando manos aquí y allá. Entre otras, la de la Dra. María José Ulrich. Las damas se observaron con los gestos y las forzadas sonrisas que imponía la gala nocturna.

La exposición tuvo el carácter de la personalidad de Alejandra. Breve, concreto, sin fisuras, y preciso tanto en el lenguaje como en el contenido.

De regreso a la quinta de Maruca, Sebastián no había disimulado su melancolía tanto como Alejandra no disimuló su mal humor.

 

-La Ulrich no te perdía pisada. No dejó de llevarte copas champagne en toda la noche. . .

- Vos estabas ocupada con otras copas, pichona. . .

-Por Dios Sebastián tuve que dar una conferencia y respondía a las preguntas de la gente interesada en esos temas. Vos no te acercaste en ningún momento

-Hubo un tipo que me confundió con tu chofer, Tu chofer!!!-

Dio un portazo y salió al patio con una botella de vino.

-Seba, vamos a la cama hombre, es tarde

-Es la hora de descanso del chofer

Por un momento Alejandra pensó en enrostrarle su paciente vocación de cenicienta a lo largo de meses, mientras el estrenaba las versace, y Ella lidiaba con el público de la agencia, con los superiores, con los aguijones de la Maruca, y la interminable tarea doméstica. Pero se contuvo y pensó que era su oportunidad de demostrarle que se podía de otro modo, que el amor y el matrimonio pueden pactar una buena vecindad, que liderar es una forma de amar, y que ahora debía entender que no había un cambio de roles, sino una superación que le demandaba a la pareja un compromiso mayor y una prueba para una genuina unión.

Transcurrieron unos días y como sucedía frecuentemente Alejandra confió a Stefa, los detalles de la velada.

Stefa cuando se entera de lo del chofer le dice:

-Y bueno, yo que vos le digo, Pero Seba, siempre dije que manejas muy bien! Eso sí, sin uniforme y esos moñitos horribles. Ponéte una de tus versace!-

-Estuve tentada de decírselo para hay que saber cuándo detenerse. No es fácil para él. Creo yo-

Fue precisamente en esos días en que comenzaron a aparecer los ramos de flores

Eran hermosas, carísimas y encargadas en la presentación con el típico arreglo de los obsequios empresarios. El único toque romántico lo constituían la esquela perfumada escrita a mano y el moño de lazo. Stefi, la primera vez que las vio casi no pudo reprimir un grito de una vocal que se quedó congelada en la abertura bucal-Ah por Dios, Ale, mirá lo que es esto jefecita-

Llegaba con la regularidad más o menos sostenida, pero puntualmente los viernes sobre el fin de semana, una rosa negra, radiante de gotas de rocío y en la última semana del mes era un ramo de rosas amarillas. Stefi no podía dejar pasar la oportunidad para deslizar una que otra maliciosa broma en los códigos de fieles amigas conque Alejandra lo había distinguido:- Es como Andrés, te visita una vez al mes.-

Alejandra sonrió entre molesta y preocupada. –Se han vuelto más frecuentes-

-¿Y no tenés idea de quién puede ser?

-No. Te juro que no. Pensé en algunos de los que joroban la paciencia en las redes

En las redes ya me fijé. Tendría que cazarlo al vuelo. . . No no no. No es ninguno de esos pesaditos.

-Y cómo sabés? Preguntó Alejandra.

-Ay Ale! Fijate las flores, hasta orquídeas hay. No es un ramito barato. Otra cosa, no hay tantas florerías en Esperanza, lo pueden ver salir, alguien, algún empleado de la florería lo puede conocer, no no no, acá hay otra cosa.

-Sos investigadora ahora?

-De chiquita.- Río Stefi mientras leía con atención la esquela que Alejandra ya no se molestaba siquiera en mirar-

-Leíste lo que te escribió esta vez. . .

-Ay por Dios Stefi. Ni hables de esto. Esto. . . todo esto. . . ha empezado a afectar a Seba. . . lo conozco bien. . . no sé cómo reaccionará con esto de las flores, no le dije nada porque pensé que se detendría esto pero ahora, mi vida cambió mucho e hizo que la de él cambiara también

-Pero cómo? ¿No me dijiste que lo hablaron ya?

-Si sí, la verdad que sí. No sé desde el nombramiento en sudamericana, algo lo roe por dentro. Lo charlamos, me escucha me comprende, pero veo como toma antiácidos como si fuera soda. Le duele, y no puedo hacer nada por contenerlo. . .

Dos contribuyentes ingresaron a retirar unos legajos para la próxima feria. De repente Stefi, salió de la oficina al pasillo central y desapareció de la vista de Alejandra  

El chico de la florería se añadía a la celebración porque siempre recibía un pedazo de torta, una medialuna, o una propina que Alejandra obsequiaba más con culpa que con complacencia.

-Ale, el chico dejó esta nota esta vez con las flores-

“Disponga del día, la hora y el lugar. Me tendrá a sus pies”-El Caballero de las flores.

-Qué tal? Terció Stefa con malicia. –Y si vas?

-Ni loca-

-Pero esperá tratemos al menos de saber quién es-

-¿Cómo?

-Déjame pensar hasta mañana. Ya van a ser la una.-

-Bueno. Dale-

En la quinta de los Eberhardt el aire se cortaba con el rezo de un ave maría.

Sebastián ya había reunido los argumentos necesarios para rechazar la generosa oferta de Gus cuando vio a Alejandra ingresar con el radiante ramo de flores.

Ale le comentó a las volandas la aparición del misterioso obsequio

-Me dio no sé qué tirarlas, son anónimas. Hasta llegué a pensar que eran tuyas-

Sebastián mascullaba en silencio de funeral el hervidero en su cabeza.

-Además como dijo Stefa las traje porque dejarlas en la oficina o tirarlas al cesto hubiera generado más comentarios. . . No estarás enojado eh? Seba decime algo. . .

-Querés que te diga algo. Me voy a España.


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