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De mar Amar Segunda Parte

Capítulo Quinto

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Los hechos y personajes son productos de la ficción. Toda similitud con la realidad son mera coincidencia. (Los autores)

Luego del encuentro al regreso de la incursión en el Faraón, Sebastián se sintió obligado a reparar el abollón de la camioneta que reconoció como la de su único amigo hecho en la ciudad adoptiva. Samuel nunca lo había visto como a un extraño. Como él era un migrante, y la proverbial desconfianza y retracción de la colonia para los llegados de afuera, sobre todo si recientemente habían arribado, los hermanó aún más.

Golpeó la puerta en la convicción de que debía encontrar el reconocimiento de su amigo por el gesto de hacerse responsable del abollón. Samuel salió y lo saludó con su expansiva sonrisa, sin dejar de sorprenderse por la súbita presencia del amigo

-Que hacés galleguito, pero pasá hombre, pasá. . .

-No no Samuel mirá, estoy de paso nomás. Te digo acá, la otra noche salí sin mirar bien. . .del motel, del Faraón, yo también estaba allí y bueno retrocedí medio a las atolondradas y te choqué la camioneta. . . mandame la factura del chapista.

Sebastián vio la cara de Samuel ensombrecerse. El hombre le hizo un ademán de detenerse y luego se volvió hacia el interior de la casa y gritó a través del zaguán:

-¿En qué supermercado me dijiste que te chocaron la camioneta, querida?- Y se lanzó con furia hacia el interior de la casa.

Sebastián se retiró escuchando a lo lejos los gritos y tardó en tomar conciencia del desastre provocado.

Decidió no volver a tocar el tema a menos que su amigo lo interrogara. Se sucedieron los días y las semanas y no volvió a existir la más mínima alusión a la noche del

Quien no olvidó el incidente fue Alejandra que una buena noche le preguntó de modo imprevisto

 -Y. . . de tu amiguito-dijo- ¿con quién andaba de trampa? ¿salió caro el chapista?

Sebastián simuló tener un bocado demasiado grande de pizza, tratando de ganar tiempo para responder libre de sospechas

-Mmm- No no, no era él, era una camioneta parecida pero no no. No era samuelcito. Esta ciudad está infestada de Hilux 4 x 4.

-Parecías estar tan convencido de que era de tu amigo. . . -dijo Alejandra, rompiendo con paciencia oriental los grisines sin despegar la vista de su marido-

-Si si, por que era muy parecida la camioneta, nada más-

-Bueno pensaba que a lo mejor si los invitaba para el cumple del añito de los melli, podría comentar en lo mejor de la fiesta “Ay mi marido salió tan entusiasmado de nuestra noche en el Fara, que chocó una camioneta y salimos escapando jijiji. AAAjajajaj, imagínate si viene con la mujer, que seguro le contó otra historia del abollón. . . Che bueno no pongas esa cara, era una broma nada más.

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La celebración del primer añito de los Melli trajo aparejado un balance de los acontecimientos que a modo de balance hicieron todos de la estadía de los recién llegados a la primera colonia agrícola.

Los padres de Alejandra no tuvieron nunca una comunicación o convivencia demasiado frecuente o estrecha. Ni siquiera cuando partieron al tan repentino exilio de Torrevieja. María, la madre de Alejandra, durante ese período, demostró conocer, y sobre todo comprender a su hija, mucho más de lo que estaba dispuesta a admitir, y de lo que la propia Alejandra podía imaginar.

Pero era el cumple de los Melli, su primer añito. María Enrico, con su seco y económico lenguaje respondió a la invitación de Alejandra:

-Iré Ale. Tengo que conocer a los nuevos nietos.

Maruca, orgullosa de que en su quinta se hospedaba un “dotor” de la “Uropa” casada con su sobrina del alma, se dirigió a los invitados con unas palabras de bienvenida. Al clan de los Eberhardt se sumó Catalina y su familia, algunos vecinos y María Enrico y Abelardo Eberhardt los padres que habían viajado en largas horas de colectivos, declinando el ofrecimiento de Catalina de que viajara con ella en su auto.

Fue notorio el desequilibrio de la nula presencia de nadie que perteneciera a la familia de Sebastián. Ernestina se disculpó con un mensaje de WhatsApp breve.

-Pa, ya conoceré a tus melli.- Pero una cosa es conocer tus bebés y otra participar de una fiesta de una familia que no sentimos nuestra. Erni y Juani.

Juan Manuel por su parte no acusó recibo alguno.

 Sebastián tomó conciencia una vez más de la condición de ser hijo de desaparecidos, que al estigma de arrastrar un pasado de los negros años de plomo de reminiscencias guerrilleras, debía sumar la de ser un recién llegado y que trabaja en Santa Fe capital.

Los contratos en Comercio Exterior había disminuido dado que las horas cátedras en las capacitaciones no tenían ya cursos donde volcarlas y su trabajo de abogado tropezaba con el fuerte retroceso del espacio político que lo había recomendado.

El nexo de Comercio exterior a los empresarios locales, o no les interesaba dada su poca envergadura o ya tenían quien los respaldara.

El cono de sombras en los que Angelini comenzaban a ingresar de ningún modo podía escapar a la perspicaz Maruca.

-El hombre es torpe y la mujer es bruja- sentenció la Maruca descolgando el comentario en la cocina mientras Alejandra colaboraba sirviendo los platos. Y se sorprendió de su comentario. Ale solo había conversado con Stefanía la revulsiva aparición de la Dra. Ulrich en sus vidas. Y algo había comentado con la inefable Roxi.

Sin embargo Maruca algo veía que no andaba del todo bien. Lo que nadie imaginaba era que pronto, un acontecimiento de proporciones “patearía el tablero” y se reiniciaría un juego nuevo.

Los celulares resplandecían inmortalizando el cumple de los melli, que como sucedía frecuentemente, se durmieron casi al unísono en medio del soleado mediodía. La sobremesa se extendió con los hombres caminando bajo las arboledas, donde Rogelio explicaba las características y bondades de cada especie.

Fue la primera celebración social de los Angelini en el suelo de la pintoresca Esperanza. El verde en mil tonos de la zona del Arco, lucía al sol reflejando una pálida ruta recargada de tránsito por el fin de semana largo, aun así, distaba de ser el loquero de autos de gentío de los centros turísticos y balnearios como la recordada Mar de Ajó o la mediterránea Torrevieja.

Una paz coloquial, provinciana y campesina, parecía cubrir las tensiones de un pasado reciente. Sin embargo en los intersticios de la vida social Alejandra y Sebastián comenzaban a ver que las luchas intestinas del poder y la malicia estulticia envenenaban los ambientes más bellos.

Cuando finalizó las fiestas María Enrico y Abelardo Eberhardt dieron un paseo por la  ciudad. María se maravilló con el parque de la Agricultura, su lago y sus espacios floridos. Abelardo en tanto,  se extasió con el porte de la Basílica y el museo. Se paseó por los salones donde se exhibían las fotografías de Paillet y Schlie, los relojes de pie con sus agónicas campanadas, las armas, los fusiles veterling que usaron los colonos que se alzaron en armas en 1983. Por último compró libros en la recepción y se quedó un largo rato observando la Berlina en la que Sarmiento visitó la colonia en el siglo XIX.

Sebastián comprendió entonces de dónde había surgido Alejandra. Había heredado el amor a la naturaleza de su madre, y la pasión intelectual- o al menos la curiosidad- por la historia y las ciencias sociales, de su padre.

Pidió unos días en Comercio Exterior, que le fueron con cedidos a instancias de la aprobación de la Dra. María José Ulrich, con el propósito de ayudar a Alejandra. Se decidió a atender una parentela que no le era propia, porque se compadeció de la demoledora exigencia a que su Ale estaba sometida. Debía sumar a sus tareas habituales de economía las de un curso que debía dictar, y que le fuera encargado por sus antecedentes de graduada en su formación profesional de Gestión administrativa en España. Por la tarde, pese a las visitas no descuidaba las tareas hogareñas, la atención a los melli y las tareas de Josefina y Dante. 

Una mañana desayunando en la Royal, escuchaba los cortos, pero marcados y asombrados comentarios de sus suegros, cuando harto ya del embelesamiento exagerado propuso llevarlos a conocer áreas obreras e industriales; propuestas que aceptaron con gusto.

Pasaron por las plantas metalúrgicas, curtiembres y grandes supermercados. Pero fundamentalmente los llevó a la periferia, a las barriadas al norte del Chelito, a la Orilla, a calle al sur en el extremo sur como Chaco al 700. Los visitantes quedaron pasmados cuando vieron, que como sucedía en muchas partes del país, la epidermis más brillante y opulenta, oculta la gangrena de la miseria y la exclusión.

Volvieron a la Royal. Sebastián recordó su pasado de historias setentista, a los “cumpas” sobrevivientes del holocausto argentino que devoró a sus padres. .

En ese punto, María >Enrico que revolvía la cucharita de café en una mesita instalada en el ángulo de la ochava de la confitería y clavó la mirada en la fuente central d la plaza que arrojaba hacia el azul increíble de ese cielo de la mañana, la danza de chorros de agua cristalina.

-Cómo puede haber tanta contradicción Dr.?

-Sebastián, Abelardo. Llámeme Sebastián

De acuerdo Sebastián, Sebastián. Como. . ? 

 -Mire se la hago fácil, de comprender. Aquí cada metro de tierra, cada pulgada de terreno, cada mota de polvo se tasa a valor soja-dólar. ¿Me entiende? En 2001, cuando estalló la crisis y cayó la convertibilidad, ni los bancos, ni los domicilios ni la moneda nacional –que se convirtió en papel mojado y lo sigue siendo hasta hoy- podían estar seguros para conservar una fortuna familiar. Que hicieron con la renta de la soja y de cualquier excedente. Los gringos se lanzaron a comprar propiedades o construirlas. La demanda de tierra, junto al boom de la soja disparó el precio de la tierra. Ningún asalariado ni miembro de la otrora orgullosa clase media –clase media baja- podrá acceder a un palmo de tierra. Ni que decir de construir. Familias de chicos de veinte y pico o treinta y pico de años, parecen haber asumido la desgracia de alquilar de por vida jaulas de pollos, que algunos tienen el coraje de llamar viviendas, y donde deben amontonarse con dos o tres criaturas pagando alquileres y servicios que queman el mejor salario o los exiguos ingresos de un monotributista.

Y pensar que este pueblo se fundó bajo el lema de la subdivisión de la propiedad como reza el escudo de la ciudad y se exhibe en el frontispicio del palacio municipal aquí el lado, reproducido en los membretes de los formularios y documentos oficiales.-

Abelardo y María no salían de su asombro

-Subdivisión?

-Si. Pese a la decadencia de décadas, esta zona sigue siendo de pequeñas y medianas propiedades rurales.

-Increíble-dijo Abelardo-Y de allí la estructura de clase media dinámica para la movilidad social y la dinámica de la economía-

-Pero pronto va a desaparecer. Lo pude constatar a través de los estudios socio-económicas que me facilitó una compañera y colega de Comercio Exterior. La Dra. Ulrich, una profesional que sabe mucho. La concentración de la riqueza en pocas manos, el de la propiedad de la tierra e inmobiliaria urbana, conduce a una especulación que se da de patadas con la filosofía del origen de la colonia. Por otra parte la propia Alejandra ha recabado testimonios de sus compañeras en la Municipalidad donde trabaja el drama habitacional y la cuasi imposibilidad de aspirar a un terrenito

La conversación continuó en un tono cada vez más afable alimentada por la insaciable avidez de Abelardo y la curiosidad de su esposa. De pronto María Enrico cortó el intenso discurso que tenía absorto a su marido para exclamar

-Ahora recuerdo estos árboles! Recuerdo la anécdota que me contaron, y que despertó mi curiosidad por las ciencias naturales- dijo observando los jacarandás

-¿Sabían que un presidente norteamericano, creo que fue Roosvelt, cuando visitó Argentina y paseaba por la quinta de olivos, donde hay una arboleda como la de esta plaza, vio como el viento deshojaba los pétalos de las flores hermosísimas de esta especie; y dijo: Llueve celeste?!- Por los pétalos de las flores que el viento dejaba caer. . .

La conversación había finalmente aterrizado en el más llano terreno de la confianza mutua, una cálida relación, un tanto impensado para sus protagonistas, y lo suficientemente grata como para que si llegara a oídos de Alejandra contribuyera a restañar la unión que había comenzado a agrietarse.

Sebastián creyó oportuno llamar el mozo para abonar la cuenta y regresar a la quinta.

Al día siguiente, los Eberhardt, que ya tenían reserva de los pasajes debían viajar a Santa Fe para tomar el ómnibus. Sebastián los llevó y los despidió, en tanto que Alejandra se quedó con Cata y los suyos porque partiría recién a la mañana siguiente.

Cuando los niños se durmieron charlaron hasta ponerse al día. Recordaron Mar de Ajó y el inicio de la tormentosa pasión con Sebastián. Alejandra le relató el año de encierro y pandemia en >España, en la bellísima Torrevieja. La alocada aventura de narrar una novela con sus experiencias. Catalina se extasió con los pasajes eróticos de la misma- Ay por Dios Ale, no me digas que algunas de las situaciones fueron reales-

-A decir verdad amiga. . . todas!!!. No inventamos nada- Y estallaron ambas en carcajadas ahogadas enrojeciendo de rubor y complicidad.

Por fin Los Angelini quedaron a solas. La primera noche cuando descubrieron a la quinta vaciada de visitantes enviaron en una enésima expedición campestre a Dante y Josefina con la inefable Maruca. Fue la propia Maruca, celosa responsable de la hacienda de los Eberhardt, abrió una cuenta de caja de ahorro para el futuro de los melli, y Rogelio obsequió una nutrida ristra de salamines y bondiolas ahumadas para delicia de Sebastián.

Los melli dormitaban en el moisés. Intercambiaron mutuas impresiones de las reuniones y lo experimentado con la presentación en sociedad de Marina y Raúl. Las ruinas de las sucesivas comilonas cubrieron varias cenas y entradas de los Angelini. Sebastián trataba de que ella redescubriera al moreno de las cabañas. Y lo intentaba buscando a la cenicienta de rojo que surcaba radiante un salón de fiestas, que corría por las arenas barrosas bañada de luna y mar, que bramaba de loca felicidad arañándole los glúteos y la espalda. La misma noche que despidieron al último pariente, Sebastián tomó una larga ducha y se acercó hasta su pichona con sigilo y recaudos de lobo al acecho. Posó la mano de gigante sobre su espalda desnuda. Alejandra, de bruces, con un leve movimiento le retiró el brazo tomándoselo con dos dedos desde la muñeca.

-No Seba, me visitó Andrés-

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Cuando habían transcurrido algunos días Alejandra recibe dos mensajes en su teléfono que la conmocionaron.

En las primeras horas de la mañana vio el contacto de su madre.

“Alejandra, tenés que venirte urgente a Mar de Ajó. Falleció José. Tu esposo se mató en un accidente en la ruta. Hay que hacer papeles por lo de los chicos y demás. Cuando llegues acá te explico lo que me dijeron en la policía.”

El mensaje había sido enviado a primera hora de la mañana y estaba por contestar cuando vio también la señal de un mensaje de Cata y lo abrió inmediatamente.

. . .Ay hola Ale, no sé cómo empezar a escribirte esto. José se mató en la ruta, lo encontraron tirado al lado del auto. Por Dios! Sé que las cosas no terminaron muy bien entre ustedes pero igual, pienso en los chicos. . . .

Además se comentan de tantas cosas que es lo que más me angustia por vos Ale. Se corre la bolilla que no fue un accidente, como que lo mataron, ay perdóname pero si venís porque vas a tener que venir, no sé tengo miedo por vos Ale, acá me dicen que tenía q1ue declarar en un juicio y venía para eso, o  ver un abogado,

No te hagas problema por donde parar, está mi casa y los departamentos de Villa Clelia, los tengo al divino botón porque n o es temporada, después aquí charlamos tranqui, Cuidáte amiga TKM

 

Un torbellino arrollador sacudió los cimientos de sus emociones. Stefa distinguió en el rictus, de su jefa y amiga que algo no andaba para nada bien. Roxi, que esa mañana había traído una pastafrola heredada de un cumpleaños en la agencia ambiental, también registró el impacto.

A las atolondradas, Alejandra les comentó a sus amigas que trataron de contenerla. Alejandra no reaccionaba, y demoró un buen rato en convencerse que debía informar inmediatamente a Sebastián.

Esa misma noche Puesto en aviso por >Alejandra, Sebastián utilizó sus contactos de prensa pero sobre todo de las organizaciones con derechos humanos para averiguar a fondo las circunstancias de la muerte de Madero teniendo en cuenta los comentarios de Cata. Inmediatamente tomó el teléfono y se decidió a hablar con su fiel amigo Ariel Ingaramo.

-Si alguien puede decirnos todo lo sucedido en torno a esta muerte y sus sospechosas circunstancias es Ariel- le confió a una Alejandra destrozada por los nervios.

Hizo una llamada directa para sostener el diálogo, dadas las motivaciones de su llamada.

-Hola?-

Sebastián reconoció de inmediato la voz de Clara.

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A pesar del envolvente sopor a tragedia y misterio, sumado al revulsivo pasado en su escenario natural; el regreso a Mar de Ajó no dejó de transportar a los amantes a la épica clandestina de los primeros encuentros, a las noches de viento salino, la fragancia de rosas, de vino tinto junto al arroz humeante, del moroso bramido del oleaje colándose por las ventanas de las cabañas.

Transcurrieron días de gestiones ante el registro civil, comisarías y estudios de abogados que acreditaron la vocación hereditaria de Dante y Josefina. Luego de un velatorio restringido por las aún vigentes medidas restrictivas de la pandemia, una compañía fúnebre transportó el ataúd hacia la lejana Mendoza donde residía la familia de Madero.

Cata tratando de rescatar del marasmo emocional a Alejandra invitó a toda la familia a un asado. Esa noche ni los melli y Dante o Josefina, dieron mayor trabajo. Venían de una larga caminata por la playa. Y se durmieron apenas finalizado el postre.

Cata, que comprendía muy bien la marea de contradicciones de su amiga le deslizó al oído:

-Porque no van a dar un paseo, a caminar solos un rato

-Cata mira yo. . .

-Dale amiga los niños se durmieron y los melli dejámeslo un rato, ¿si?. Cualquier cosa te mando un  mensaje.- Dale Ale, les hará bien. Hasta un ciego ve que la relación de ustedes hace agua. No dejes que haya un segundo naufragio.

Ale invitó a caminar a Sebastián que comprendió el sentido de del paseo.

Sin decir palabra se dirigieron hacia las cabañas, en especial a la que alquiló para invitarla por primera vez. Hablaron entrecortadamente. Poco a poco, la magia del pasado los emborrachó de recuerdos, cuando bordearon la arena, se descalzaron y tímidamente como si recién se descubrieran se tomaron de la mano.

Cuando llegaron a las cabañas una alucinación nocturna los paralizó en los portales de los espacios verde, donde hubo un tiempo que rodaron embebiéndose de musgo y bruma marina.

Revivieron las cabañas. Encargaron arroz y frutos de mar, Sebastián ordenó un vodka con hielo. Corrieron por las escaleras como Dios los trajo al mundo. De pronto una alarma suena en el celular de Alejandra

Dios mío, hay que buscar los chicos en lo de Cata. Vamos

Sebastián comprendió que había perdido a la cenicienta de la solera roja para siempre hacía mucho tiempo. Nada sería lo mismo. Y aunque no fue lo mismo Alejandra descubrió algo: debió volver a Mar de Ajó para comprender que ya no habría un amante de las cabañas, sino un marido a quien se debía seducir para una nueva etapa de un nuevo ropaje del amor.


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